La Mar: Cebichería Peruana
El pasado 21 de Noviembre cumplí un año de matrimonio y con mi marido nos pasamos semanas pensando cual sería el mejor restaurant para ir a celebrar, finalmente y teniendo en mente los inmensos beneficios afrodisíacos de los productos marinos nos decidimos por La Mar.
Partimos con las expectativas altísimas, Eduardo, mi hermano mucho mayor, me dijo que era espectacular, así que con esas referencias llegamos.
Ya al entrar mis ideas mentales con respecto al lugar se esfumaron, mi hermano sólo me habló de la comida y las otras reseñas que leí del lugar, fallaron en contar lo maravillosamente bien diseñado que está el local. En alguna parte leí que este era el restaurant "informal" de Gastón Acurio y yo, como soy una incrédula nata, no lo creí, pero la mezcla de maderas, con los pizarrones y colores alegres, te transportan a alguna caleta para comer lo que la pesca del día ofrece.

Obviamente nos pedimos unos pisco sours y junto con ello nos trajeron este mix de salsas con distintos niveles de picantes, con papitas Tika (las amo!) y maíz inflado. En honor a la verdad, mi amigo Gonzalo hace Pisco Sours más ricos que estos y quizá yo ya sea más alcohólica de lo debido, porque los encontré un poco aguados.
Luego nos pedimos un Mixto de Cebiches para compartir, miren la belleza de presentación.

Estaban todos ricos, especialmente el primero, que era de atún, claro que luego me explicaron que ese en particular era un tiradito.
Para decidir el plato de fondo nos costó muchísimo, la verdad es que la carta es variada y uno quisiera probarlo todo. Finalmente Cristián, mi marido, optó por unas pastas con salsa a la huancaina, pesto y camarones rebozados, que de sabor estaban espectaculares, pero un poco secos.


Y yo me comí este precioso plato que tenía puré de habas, con mariscos y verduras salteadas con salsa de soya, que estaba delicioso.
En el postre las cosas realmente se pusieron interesantes, ya les cuento porqué.


Como ven My love, no se resistió al suspiro limeño y a mi me urgía una dosis de chocolate, así que opté por el Soufflé, que estaba exquisito, decir que me lo zampé, es probablemente la forma más elegante de describir que pasó con ese desdichado.
Cuando ya estaba en el último bocado de mi postre levanté la vista y veo un pelo (sí, un pelo) saliendo del suspiro de Cristián, le digo: Para! y acto seguido empiezo a sacar un pelo de fácil 30 cm del merengue del postre.
Antes de continuar con la historia, quiero decir, que lo que pasó a continuación es algo que todos los restaurants debieran imitar y aspirar. Siempre existe la posibilidad que se cometa un error, o que las cosas por mala suerte no anden bien; pero lo que no se debe dejar al azar, es como salgo de esos momentos, como arreglo el cagazo y como hago que mi cliente vuelva a pesar de ello.
Volvamos a la imagen anterior, yo sujetaba el pelo desconocido, con mi mejor cara de fatalidad y antes de que este saliera completamente del postre, llegó un mozo y retiró el postre de la mesa, acto seguido llegó otro mozo y puso dos copas de champagne frente a nosotros, disculpándose de mil maneras por lo sucedido.
Lo único malo, es que el episodio no le quitaron las ganas de comer suspiro a Cristián, y no le trajeron otro, que para mi gusto debieron haberlo ofrecido. De todas formas lo ordenamos y obviamente no lo cobraron.
En resumen, nos encantó La Mar, que alegría de local. El otro día comentábamos que muchos de los buenos y caros restaurantes en Santiago pecan de serios y una formalidad mal entendida que da lata. En cambio, en este lugar uno no sólo va a comer bien, sino a divertirse y alegrarse el alma.
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María José.
No me cabía duda que en La Mar encontrarías una experiencia distinta y deliciosa.
Dos cosas, sería bueno que en tus artículos incluyeras dirección o link a página del lugar que describes, pues quien lee no necesariamente conoce el puesto en cuestión y podría tentarse a probar.
La segunda, mucho mayor es tu marido!!!!
Un besote.
Eduardo.
Gracias por la visita hermanito! Me gustó tu sugerencia, se anota y se aplicará a la brevedad posible!
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Un abrazo,
Maria Jose