El muñeco, aunque muy bonito, no me gustó mucho: más bien me infundió miedo. Parecía uno de los ángeles de la Capilla pero cuando me traían una antigüedad para tasar intentaba no prejuzgar por mis propios sentimientos, sino por el valor real del objeto. Carloncho, un hombrecito enjuto, probablemente sin mucha educación y con olor a naftalina, siempre lograba encontrar cosas de gran valor en las ferias al aire libre que se organizaban en primavera o en
Tomé la caja listada verticalmente en negro y sobre una cama de virutas se encontraba el muñeco, parecía estar en perfectas condiciones; y a pesar de mi primera impresión, estaba emocionadísima porque a medida que me acercaba al muñeco se me hacía más evidente que estaba frente a un Juanín original, una pieza bellísima, completamente hecha de cartón, pelo natural y ojos movibles de cristal, probablemente de los años 40. Mis manos temblaban, miré a Carloncho, él por su puesto no tenía idea del tesoro que tenía entre manos. – ¿le gustó doñita?- me preguntó con su sonrisa semi desdentada.
Yo sonreí cautelosamente, le pedí que tomara asiento, necesitaba ir a lavarme las manos y aprovechando la excusa ir a consultar un libro con respecto a muñecas antiguas españolas que me había regalado mi hermano la navidad anterior. Debía corroborar mis sospechas. Tomé el libro y pasé las hojas rápidamente hasta que llegué a la historia de la fábrica de Mariquita Pérez, una fábrica de muñecas que comenzó su funcionamiento en la época post primera guerra mundial, el hermano de
Cuando volví al mostrador de mi tienda, encendí la luz dirigible, Carloncho se puso de pie y se acercó: - Se la vendo a 500.000 pesos- dijo apurado, como si tuviese que irse por alguna razón imperiosa. Yo hice mis cálculos rápidamente, eso significaba alrededor de unos mil dólares, era un precio muy bueno si es que era una pieza auténtica. Fruncí el ceño y le expliqué que no me podía apurar, que este tipo de decisiones toman su tiempo.
Con el corazón palpitando, acerqué las manos al muñeco, de nuevo sentí algo de miedo, mi estómago se apretó y cuando finalmente me puse en contacto con el juguete tuve una visión aterradora: Había sido en un día oscuro y gris, cuando le regalaron el muñeco a un niño de tan solo cuatro años, el mismo día en que él fuera atropellado y pereciera en mitad de una calle en Madrid; pestañé y obtuve otra visión, esta vez era una niña de unos siete años que al momento de salir a jugar con el regalo que le trajera su padre de un viaje a España, ella y toda su familia fuera detenida para ser llevada a un campo de concentración. Cada vez que pestañaba podía ver y sentir una historia nueva, hasta que solté al muñeco. Sentía nauseas, no sabía que pasaba, tenía la sensación que mis pies no encontraban el suelo y tuve que tomar asiento.
- ¿Se siente bien, doñita?- me preguntó Carloncho, había olvidado su presencia, lo que me había pasado fue tan fuerte que había dejado de reparar en
- Carloncho, por primera vez en todos los años que lo conozco, no compraré. Y le digo, hágame caso, no le puedo explicar, pero deshágase de este muñeco lo antes posible que está maldito.



Gracias por tu comentario, como me da mucho pudor publicar mis historias, tu comentario me da ánimo para seguir haciéndolo.
Un abrazo,
Maria Jose