El Muñeco

Enviado por Maria Jose el 12/05/2008 a las 13:24
Maria Jose

El muñeco, aunque muy bonito, no me gustó mucho: más bien me infundió miedo. Parecía uno de los ángeles de la Capilla pero cuando me traían una antigüedad para tasar intentaba no prejuzgar por mis propios sentimientos, sino por el valor real del objeto. Carloncho, un hombrecito enjuto, probablemente sin mucha educación y con olor a naftalina, siempre lograba encontrar cosas de gran valor en las ferias al aire libre que se organizaban en primavera o en la calle Franklin. Nunca supe si tenía buen ojo o simple suerte, pero lo que tenía claro es que él no tenía idea del valor de lo que me traía, yo intentaba no aprovecharme de él y pagar lo justo, aunque más tarde triplicara el valor pagado. Mas eso él no lo sabía y siempre volvía a venderme a mí los mejores objetos encontrados en su eterna caza de antigüedades.

Tomé la caja listada verticalmente en negro y sobre una cama de virutas se encontraba el muñeco, parecía estar en perfectas condiciones; y a pesar de mi primera impresión, estaba emocionadísima porque a medida que me acercaba al muñeco se me hacía más evidente que estaba frente a un Juanín original, una pieza bellísima, completamente hecha de cartón, pelo natural y ojos movibles de cristal, probablemente de los años 40. Mis manos temblaban, miré a Carloncho, él por su puesto no tenía idea del tesoro que tenía entre manos. – ¿le gustó doñita?- me preguntó con su sonrisa semi desdentada.

Yo sonreí cautelosamente, le pedí que tomara asiento, necesitaba ir a lavarme las manos y aprovechando la excusa ir a consultar un libro con respecto a muñecas antiguas españolas que me había regalado mi hermano la navidad anterior. Debía corroborar mis sospechas. Tomé el libro y pasé las hojas rápidamente hasta que llegué a la historia de la fábrica de Mariquita Pérez, una fábrica de muñecas que comenzó su funcionamiento en la época post primera guerra mundial, el hermano de la muñeca Mariquita era Juanín y justamente en 1943 sacó un modelo llamado “Juanín Cadete”, que era justamente el que Carloncho me estaba vendiendo. Quería saltar de la emoción, hacía poco había visto un ejemplar similar, pero de los años 50 que se había subastado en alrededor de cinco mil dólares.

Cuando volví al mostrador de mi tienda, encendí la luz dirigible, Carloncho se puso de pie y se acercó: - Se la vendo a 500.000 pesos- dijo apurado, como si tuviese que irse por alguna razón imperiosa. Yo hice mis cálculos rápidamente, eso significaba alrededor de unos mil dólares, era un precio muy bueno si es que era una pieza auténtica. Fruncí el ceño y le expliqué que no me podía apurar, que este tipo de decisiones toman su tiempo.

Con el corazón palpitando, acerqué las manos al muñeco, de nuevo sentí algo de miedo, mi estómago se apretó y cuando finalmente me puse en contacto con el juguete tuve una visión aterradora: Había sido en un día oscuro y gris, cuando le regalaron el muñeco a un niño de tan solo cuatro años, el mismo día en que él fuera atropellado y pereciera en mitad de una calle en Madrid; pestañé y obtuve otra visión, esta vez era una niña de unos siete años que al momento de salir a jugar con el regalo que le trajera su padre de un viaje a España, ella y toda su familia fuera detenida para ser llevada a un campo de concentración. Cada vez que pestañaba podía ver y sentir una historia nueva, hasta que solté al muñeco. Sentía nauseas, no sabía que pasaba, tenía la sensación que mis pies no encontraban el suelo y tuve que tomar asiento.

- ¿Se siente bien, doñita?- me preguntó Carloncho, había olvidado su presencia, lo que me había pasado fue tan fuerte que había dejado de reparar en la realidad. Miré al muñeco nuevamente, no podía creer lo que había pasado.- Doñita está pálida- Le dije que no se preocupara y volví a tocarlo, esta vez las imágenes se sucedieron una tras otra vertiginosamente, cada una más terrible que la otra, al parecer el destino de los dueños del muñeco era morir cruelmente.

- Carloncho, por primera vez en todos los años que lo conozco, no compraré. Y le digo, hágame caso, no le puedo explicar, pero deshágase de este muñeco lo antes posible que está maldito.

 

 


Enviado por el 14/05/2008 a las 21:18
Maria Jose

Gracias por tu comentario, como me da mucho pudor publicar mis historias, tu comentario me da ánimo para seguir haciéndolo.

Un abrazo,

Maria Jose




Enviado por el 14/05/2008 a las 20:02
Vinka  Astudillo

Uhhh.!

Algo tienen las muñecas antiguas que infunden un poco de miedo. En este caso el muñeco Juanín.

Debe ser la actitud extremente rígida del cuerpo, la fijeza de sus miradas o el aire  de  inaccesibilidad que desprenden.

Muy buen relato. Tiene algo de familiar con muchos cuentos chilenos.

Saludos










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